Puntos que hemos tratado en clases pero que no figuran directamente en el libro de texto:
TEMA 3. FILOSOFÍA DEL LENGUAJE.
1- Paradojas y contradicciones. La autorreferencialidad del lenguaje humano (podéis asociar
este último punto al apartado del libro de texto en que se explica la función metalingüística del
lenguaje, página 53).
El lenguaje humano, a diferencia de otros lenguajes (como el de los delfines, los grandes simios
e, incluso, el de las abejas), tiene la capacidad de referirse no sólo a las cosas, sino también a sí
mismo. Esa capacidad se denomina autorreferencialidad y sirve, por ejemplo, para mencionar
cuántas letras componen una palabra, o qué elementos conforman una oración, o incluso qué
significados aparecen ligados a cierta expresión polisémica.
De igual modo, esta función autorreferencial somete nuestra inteligencia y sentido común a
ciertas paradojas y contradicciones, como la paradoja del mentiroso o la paradoja de los
conjuntos1.
El lingüista Jakobson y el lógico Tarski, cada uno en su ámbito, propusieron la diferencia entre
"usar el lenguaje" y "mencionar el lenguaje". El uso implica que el lenguaje se refiere no a sí
mismo, sino a cosas, objetos, intenciones, etc., en principio independientes. Por ejemplo,
cuando digo "mañana iré al instituto" o "estoy aburrido como una ostra", uso un conjunto de
palabras para referirme a estados de cosas (hechos futuros, sensaciones). En cambio, cuando
digo "Vete es un imperativo" no uso el lenguaje, ya que no doy una orden, sino que menciono
el tipo de enunciado en términos puramente lingüísticos.
Cuando mencionamos el lenguaje, inmediatamente surgen dos niveles: el llamado
metalenguaje, que es el nivel superior donde nos situamos para hablar o referirnos al
lenguaje, y el denominado lenguaje objeto, que es ese fragmento del lenguaje que
pretendemos analizar lingüísticamente. En el anterior ejemplo, comprobamos que el
1 La paradoja del mentiroso fue planteada por los antiguos griegos de la siguiente forma: si un cretense
nos dice "todos los cretenses son mentirosos", ¿miente o dice la verdad? Sea cual sea la respuesta que
elijamos, caeremos en contradicción (ya que, si miente, entonces confirma que él, como cretense, es
mentiroso, luego dice la verdad; y si dice la verdad, entonces él, como cretense, nos informa de que
realmente es mentiroso y, por lo tanto, miente).
La paradoja de los conjuntos fue presentada por el filósofo inglés Bertrand Russell, y se puede enunciar
de la siguiente forma: Supongamos que Faemino es el único barbero que sólo afeita a todos los
barberos que no se afeitan a sí mismos. La cuestión es: ¿se afeita Faemino a sí mismo o no? Si decimos
que sí, entonces incumplimos la premisa inicial (que sólo afeita a todos los que no se afeitan a sí
mismos). Y si decimos que no, entonces él pasaría a formar parte de su propia clientela, luego, sí se
afeitaría a sí mismo. Cualquiera de las dos respuestas resulta contradictoria con la premisa.
Ambas paradojas se deben a la confusión entre lenguaje objeto y metalenguaje, y surgen por la
capacidad lingüística de referirnos al propio lenguaje.
enunciado "vete es un imperativo" es, todo él, un metalenguaje que toma como lenguaje
objeto la orden "vete".
Gracias a esta distinción conceptual sobre la función metalingüística se pueden resolver
paradojas que surgen por autorreferencialidad.
2- La semiosis y el triángulo semiótico.
La semiosis es la situación elemental lingüística, es decir, aquella situación donde el lenguaje
humano funciona, cumple su objetivo, que no es otro que la significación por medio de
símbolos. El filósofo griego Aristóteles fue el primero en reflexionar sobre este asunto, y el
primero en proponer la figura del triángulo semiótico. Ésta se compone de tres vértices:
a) El significante; se trata del soporte físico-material (ya sea pictórico, escrito o sonoro)
que funciona como vehículo del significado.
b) El significado; se trata del concepto o información cuyo carácter de ser no es físico-
material, sino puramente mental.
Ambos, significado y significante, conforman el símbolo (o signo). Pero, para que haya
semiosis, es necesario un tercer vértice:
c) El referente; se trata de aquello a lo que alude o se refiere el símbolo.
Así, por ejemplo, si escribo "Darth Vader", el significante son las marcas escritas, el significado
es "lord sith de Star Wars, padre de Leia y Luke y antiguo caballero jedi llamado Anakin
Skywalker"; el referente es ese mismo personaje al que me refiero, el cual pertenece al
universo de Star Wars con independencia de que yo lo conozca o no. Si, en cambio, digo
"Darth Vader" cuando veo una imagen suya en una camiseta, el significante serían los sonidos
que pronuncio al decirlo, el significado sería el anteriormente descrito, y el referente sería su
imagen en la camiseta.
3- La evolución histórica de la concepción sobre el lenguaje: de la concepción tradicional
(valor instrumental) al giro lingüístico (función simbólica: el lenguaje como "apertura del
mundo"). Este punto explica de otra manera lo expuesto en el libro de texto en las páginas 47,
48 y 49 (puntos 1.1, 1.2 y 1.3).
Desde Aristóteles hasta Kant (inclusive), los pensadores sostenían que el valor del lenguaje
humano es puramente instrumental; sirve para nombrar y aludir a realidades independientes.
Así, según la concepción tradicional, el referente es una entidad extralingüística (se encuentra
fuera del lenguaje) y nosotros, en la medida en que usamos el lenguaje, somos capaces de
capturarla, nombrarla o traerla a colación.
Con el giro lingüístico de la filosofía (planteado por primera vez por los filósofos alemanes
Hamann, Herder y Humboldt) se critica de raíz la concepción tradicional. Según esta nueva
perspectiva, el lenguaje humano transforma la realidad al nombrarla: el mundo se reviste de
significado, adquiere sentido simbólico. Esto implica que el referente no se puede alcanzar
fuera del lenguaje, es decir, deja de considerarse independiente o neutral respecto al lenguaje
que lo nombra y lo identifica.
El problema del giro lingüístico es que desemboca en un relativismo problemático: cada
lenguaje constituye una "apertura del mundo", es decir, un modo de acceso a la realidad por
medio de significaciones culturales y simbólicas. Por consiguiente, dado el enorme abanico de
lenguas humanas, existen múltiples aperturas del mundo. ¿Es posible, en este contexto,
encontrar criterios de validez universales que no supongan el abuso dogmático de una lengua
sobre otra? A esta clase de preguntas intenta responder la filosofía contemporánea (recordar
las aportaciones de Putnam y Rorty que figuran el tema de los paradigmas de la filosofía).
4- La lingüística de Ferdinand de Saussure (diferencia entre lengua y habla; estudio de la
sintáctica y de la semántica de la lengua). Noam Chomsky y la gramática generativa. John
Austin y la teoría de los actos de habla (importancia de la pragmática; distinción de fuerzas
locucionaria, ilocucionaria y perlocucionaria). De todo esto trata la página 50 (punto 2.1)
Por si no viene aclarado en libro, hay que saber definir las tres principales ramas de la
lingüística2:
-Sintáctica: estudio de la estructura gramatical y de las reglas de formación de las oraciones,
así como de las funciones que adquieren los elementos constituyentes (objeto directo,
complementos circunstanciales, sujeto, predicado, etc.)
-Semántica: estudio del significado en toda su amplitud (naturaleza, funciones, relaciones y
estructuras). Por ejemplo, el estudio de los campos semánticos, de la polisemia, sinonimia, etc.
-Pragmática: estudio de los actos de habla y usos del lenguaje (por ejemplo, estudio de la
5- Clasificación de los lenguajes y funciones del lenguaje (páginas 51, 52 y 53; puntos 2.2 y
2.3).
6- Textos de Cassirer sobre el simbolismo del lenguaje humano (retoma alguna idea del punto
1.3).
Los textos que hemos leído sobre Cassirer no hacen sino ahondar en la función simbólica del
lenguaje humano que permite y posibilita la apertura del mundo. A diferencia del mundo
animal, donde el instinto predomina y no existe que sepamos ningún lenguaje simbólico, el ser
humano construye su mundo-entorno de forma cultural, lo que nos permite cierta libertad y
creatividad a la hora de conformarlo y darle sentido.
7- La filosofía como análisis del lenguaje. Primer y segundo Wittgenstein: de la búsqueda de
un único lenguaje lógico-formal isomórfico con la realidad (simple descripción de hechos) al
estudio pragmático del lenguaje concebido como "caja de herramientas". (Páginas 54, 55 y 56;
puntos 3.1, 3.2 y 3.3)
2 La lingüística se ha especializado en muchos campos, no sólo en los tres mencionados. La fonética, por
ejemplo, también forma parte de la lingüística.
Ludwig Wittgenstein es uno de los filósofos más influyentes del siglo XX. Su pensamiento se
divide en dos épocas (de ahí que se hable de un primer y segundo Wittgenstein).
En su primera época, Wittgenstein colaboró con la escuela neopositivista del Círculo de Viena
(un compendio de lógicos, matemáticos, científicos y filósofos centroeuropeos). Los
neopositivistas pretendían resolver el relativismo lingüístico estableciendo un lenguaje lógico
universal capaz de generar únicamente enunciados verificables (portadores de verdad o
falsedad). De modo que, quien usase dicho lenguaje, sería capaz de ofrecer información
objetiva sobre el mundo. Para el Círculo de Viena, la única objetividad posible es aquella que
se demuestra mediante el análisis científico de hechos, y el único conocimiento verdadero es
aquel que utiliza el pensamiento lógico (la deducción exacta, como las matemáticas). La
aportación del primer Wittgenstein consistió en brindar dicho lenguaje lógico-formal y en
determinar la tarea que, a su juicio, debería acometer la filosofía a partir de entonces: la
depuración de las ambigüedades y confusiones generadas por las lenguas humanas, y el
análisis de los lenguajes científicos (ofrecidos por las diversas ciencias) para determinar si son
válidos o no desde el punto de vista lógico. Todo ello lo presentó en su famosa obra Tractatus
Logico-Philosophicus.
Sin embargo, en su segunda época, Wittgenstein cambió radicalmente de planteamiento,
afirmando que el lenguaje humano es "una caja de herramientas" con múltiples usos, entre los
cuales la lógica no es más que uno de tantos. Así pues, la filosofía deberá estudiar el lenguaje
en toda su magnitud, describiendo los "juegos" o reglas inherentes a cada uso. John Austin se
vio enormemente influido por las ideas del segundo Wittgenstein, y se considera a ambos
como los padres de la pragmática del lenguaje (el estudio de los "usos" y "actos de habla").
TEMA 4. FILOSOFÍA DE LA CIENCIA.
1- Breve historia de la ciencia: de la epistéme griega y la alquimia medieval a la revolución
científica (Copérnico, Kepler, Galileo y Newton). La relatividad de Einstein. La mecánica
cuántica.
2- La revolución tecnocientífica.
Según el filósofo español Javier Echeverría, la ciencia ha experimentado una transformación
espectacular a lo largo del siglo XX, hasta nuestros días. A esa transformación la llama
"revolución tecnocientífica". Se trata de un desarrollo en tres momentos o etapas:
a) Ciencia clásica: inicialmente, la ciencia se caracterizaba por desarrollar proyectos e
investigaciones motivados única y exclusivamente por intereses epistémicos (es decir, por el
afán de saber y conocer el funcionamiento de la naturaleza). Además, los proyectos eran
acometidos por escasas personas, las cuales, casi siempre, se encontraban en entornos
académicos y universitarios, y disponían de un control total sobre los fines y los medios. La
falta de dinero, inversiones, personal y tecnología convertía a esos proyectos en largos
trabajos que, muchas veces, ocupaban toda la vida del investigador, exigiendo su total
dedicación.
b) "Macrociencia": con la Segunda Guerra Mundial se demostró que las batallas se ganan en
función del nivel tecnológico. Las potencias comprendieron que su poder e influencia (tanto
económica como militar) corrían parejas a la capacidad científico-tecnológica. El radar, los
submarinos, la energía nuclear, etc., pusieron de manifiesto que, con la tecnología adecuada,
una potencia puede abaratar costes humanos y económicos. Pero dichas tecnologías fueron
obtenidas en macroproyectos financiados por los Estados, muchas veces de espaldas al
público. Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y la Unión Soviética iniciaron
una carrera científico-tecnológica para no detener su desarrollo y asegurar, así, su poder e
influencia mundial. La "macrociencia", por tanto, se caracteriza por la financiación estatal
(dinero público) de grandes proyectos científicos y tecnológicos donde trabajan muchos
agentes de diferentes ámbitos (desde científicos, técnicos e ingenieros, hasta asesores
políticos y militares). A partir de esta época, el trabajo científico se inserta en una gigantesca
cadena de montaje, donde conviven múltiples profesiones, y también donde se deben encajar
múltiples intereses (económicos, políticos y militares), no siempre compaginables con el
interés puramente académico o epistémico.
c) "Tecnociencia": a partir de los años 80, Estados Unidos comprendió que el desarrollo
económico de su país aumentaría considerablemente si los proyectos científicos son
financiados por capital privado. Para atraer capital privado es imprescindible generar
beneficios en el mercado. La economía de consumo (compra-venta de productos por parte de
la gente) se sostiene si, por un lado, existen compradores (es decir, gente con trabajo y dinero
para gastar) y, por otro lado, si se ofrecen productos cada vez mejores y más baratos3, lo cual
sólo es posible si se diseñan con un trabajo de investigación y un desarrollo tecnológico
previos. De este modo, la ciencia comenzó a asociarse con el mercado y la sociedad. A la par
que ocurría esto, han seguido desarrollándose macroproyectos financiados con dinero público
y también privado. Pero los pequeños proyectos también interesan, dado que pueden generar
enormes beneficios (pensemos, por ejemplo, en la aplicación de Facebook, o incluso en esas
ridículas zapatillas con luces fosforescentes que se han puesto de moda en el instituto y,
lógicamente, poseen un diseño y una tecnología específica). La tecnociencia, por lo tanto, se
caracteriza por compaginar múltiples intereses en función del ámbito donde se realizan los
proyectos (infraestructuras, medicina, ejército, mercado -donde incluimos desde productos
que satisfacen las necesidades básicas, hasta el confort y el ocio-, etc.). Por otra parte, durante
la tecnociencia se han venido desarrollado tecnologías punteras (como el acelerador de
partículas o los grandes telescopios, por ejemplo) que anteceden a los descubrimientos
científicos. Es decir, el conocimiento científico avanza en función de las tecnologías de las que
se dispone, de ahí que la mayor parte de las veces prime el desarrollo puramente técnico y
tecnológico frente al desarrollo teórico y epistemológico.
3 La "obsolescencia programada" sería un buen ejemplo contra la idea de que los productos se diseñan
de forma cada vez más eficiente. La eficiencia se ve sustituida, en estos casos, por el simple afán
lucrativo: ganar más con la venta del producto reduciendo al mínimo los costes de diseño y producción.
3- Las tres explicaciones de la modernidad sobre el origen (o fundamento) del conocimiento
humano: racionalismo, empirismo y la solución kantiana. (Páginas 65 y 66; punto 1.1)
4- ¿Qué es la experiencia? Diferencia kantiana entre juicios de percepción (subjetivos) y juicios
de experiencia (objetivos). La experiencia científica (lo observable y lo experimentable4).
Facultades que intervienen en la elaboración de la experiencia científica: percepción,
abstracción y conceptualización. (Páginas 66, 67, 68 y 69; puntos 1.2 y 1.3)
5- Características del conocimiento científico. (Página 70, punto 2.1)
6- La clasificación de las ciencias. (Páginas 70 y 71; punto 2.2)
7- Hipótesis, leyes y teorías. (Páginas 74 y 75; puntos 3.2 y 3.3)
8- Los métodos científicos: hipotético-deductivo, deductivo e inductivo. La importancia de las
analogías y de los modelos. Modelos matemáticos e informáticos. La importancia del
experimento. (Este apartado desarrolla y completa lo expuesto en la página 73, punto 3.1)
Definición de método científico: todo método científico define un procedimiento (serie de
pasos) mediante el cual se obtienen conocimientos. Dado que las ciencias proponen hipótesis
y buscan leyes y teorías, el método científico es el proceso mediante el cual se obtienen.
a) Método hipotético-deductivo.
Fue propuesto por Galileo Galilei, y se considera el método característico de la ciencia
moderna. Consta de varios pasos, que podemos resumir en cuatro:
-Primer paso: observación de un fenómeno que deseamos explicar.
-Segundo paso: formulación de una hipótesis capaz de explicar dicho fenómeno.
-Tercer paso: deducción de consecuencias e implicaciones de dicha hipótesis.
-Cuarto paso: contrastación empírica de las consecuencias deducidas.
Las hipótesis se confirman o se desmienten, se verifican o se falsean, se aceptan o se
desechan.
4 Hay que distinguir entre la experiencia que se obtiene por observación directa y la que obtenemos a
través de instrumentos tecnológicos. La ciencia considera válidas ambas, en la medida en que los
instrumentos reaccionan de manera fiel ante realidades que a nosotros nos pasarían inadvertidas (como
los campos electromagnéticos, la radiación o buena parte de las ondas lumínicas). Por otra parte, hay
que percatarse de que un entorno experimental (lugar diseñado única y exclusivamente para obtener
datos o confirmaciones teóricas) es artificial, se encuentra aislado para que no interfieran fuerzas ni
elementos ajenos al ámbito de estudio. En este sentido, la realidad experimentada en un entorno de
laboratorio, aunque obviamente "está ahí" y es "real", constituye un referente "ideal" acerca de cómo
ocurren las cosas, pues en la naturaleza los fenómenos interactúan y están sometidos a múltiples
variables e influencias. Es decir, aunque podemos aislar los fenómenos en un entorno experimental,
éstos, en la naturaleza, nunca ocurren de manera aislada.
Por ejemplo: Darwin observó una extraña flor en la isla de Madagascar. Tenía forma de
campana, pero era alargadísima, como un tubo, y el polen no tenía un fácil acceso para los
agentes polinizadores (viento, insectos, animales...). Según su teoría de la selección natural,
Darwin dedujo que debería existir un animal con un pico (si era pájaro) o una trompa (si era
insecto) lo suficientemente larga como para alcanzar el polen y posibilitar su diseminación (ya
que, si no, la especie vegetal no habría sobrevivido). Nunca halló semejante ser, pero años
después, los naturalistas lo encontraron. Por lo tanto, la hipótesis de Darwin fue confirmada.
b) Método deductivo.
El método deductivo, propio de la lógica y de las matemáticas, consiste en extraer la(s)
consecuencia(s) necesaria(s) a partir de una serie de premisas, demostrando su
encadenamiento lógico y necesario. Los razonamientos deductivos conectan la conclusión y las
premisas de forma necesaria e invariable. Son válidos o no válidos, independientemente de la
experiencia y de la confirmación empírica (son puramente racionales).
Por ejemplo:
-premisa 1: Faemino es un fan de Star Trek.
-premisa 2: todos los fans de Star Trek tienen la habilidad de teletransportación.
-conclusión: Faemino puede teletransportarse.
Observamos que la deducción es perfectamente válida con independencia de que los
enunciados sean verdaderos o falsos.
c) El método inductivo.
La inducción (o método inductivo) es otro de los métodos asociados a la práctica científica. Se
trata de buscar en la experiencia, mediante la observación, patrones o regularidades con el fin
de hacer generalizaciones, las cuales se miden por su grado de probabilidad.
Por ejemplo:
-premisa 1: los elementos A, B, C y D son células.
-premisa 2: los elementos A, B, C Y D tienen mitocondrias.
-conclusión: todas las células tienen mitocondrias.
Observamos que, en este caso, la generalización tiene un bajo grado de probabilidad, ya que
sólo se han examinado cuatro células. De hecho, las células procariotas no tienen
mitocondrias, sólo las eucariotas.
El método inductivo resulta indispensable, sin embargo, para el estudio de ciencias tan
dispares como la meteorología, la economía o la sociología, que utilizan la estadística y
determinan sus conocimientos con grados de probabilidad según ciertas generalizaciones y
patrones obtenidos a partir de un amplio número de observaciones. Incluso gran parte de la
mecánica cuántica estudia el movimiento de las partículas subatómicas con modelos
estadísticos y, por tanto, inductivos.
8- La crítica de la ciencia. La Escuela de Frankfurt: razón instrumental vs razón crítica. (De
esto trata el libro en las páginas 71 y 72, punto 2.3).
Según Max Horkheimer y Theodor Adorno (dos filósofos pertenecientes a la llamada "Escuela
de Frankfurt"), la racionalidad occidental moderna, cuyos orígenes se remontan a Descartes y
culmina en la Ilustración, con Kant, ha cometido el grave error de considerar la naturaleza (el
objeto de conocimiento) como algo susceptible de dominación, control y reproducción. Ese
concepto de racionalidad, sobre el cual se interpreta la ciencia, atribuye al conocimiento un
valor puramente instrumental. Desde esta concepción instrumental, se dice que conocemos
algo cuando somos capaces de dominarlo, controlarlo y reproducirlo a nuestro antojo (es
decir, con independencia de cuáles sean nuestros fines).
A juicio de estos filósofos, esta concepción de la racionalidad resulta peligrosa en dos sentidos:
en primer lugar porque, al no valorar los fines, sino sólo el conocimiento como "medio" o
"instrumento para...", se vuelve acrítica. Por ejemplo, el conocimiento de la energía nuclear
vino con absoluta independencia a la valoración de los fines para los que se utiliza (ya sean
bombas, plantas energéticas o simplemente la explicación de fenómenos de la naturaleza). En
segundo lugar, al considerar todo objeto de conocimiento como posible objeto de dominación,
¿dónde está el límite sobre qué puede ser tratado como objeto de control? ¿Acaso el ser
humano y su entorno no pueden convertirse en objetos de dominación para una racionalidad
instrumental?
Frente a esta concepción, ambos filósofos proponen y defienden la racionalidad crítica, que se
caracteriza por la valoración racional del sentido, la meta y los fines que persigue el
conocimiento en aras de la humanidad.
9- Ontologías o "concepciones de la realidad" asociadas a la ciencia. (Los apartados 4.1 y 4.2,
páginas 79 y 80, guardan cierta relación con este tema, podéis leerlos, pero no caerán en el
examen).
A lo largo de la historia, desde Galileo hasta Stephen Hawking, la ciencia ha manifestado
concepciones más o menos razonadas y argumentadas sobre qué es la realidad en sentido
ontológico (y, por tanto, filosófico). Por ejemplo, Galileo estaba persuadido de que la
naturaleza está escrita en lenguaje matemático, funciona mediante leyes que la inteligencia
humana es capaz de descubrir y comprender. Por su parte, Newton creía firmemente que las
leyes de la física fueron establecidas por Dios en el momento de la creación del mundo, para
que éste funcionase por sí solo, de manera autónoma.
Ya en el siglo XIX, una corriente de pensamiento llamada positivismo consideraba que el único
conocimiento válido y verdadero es el que va aportando progresivamente la ciencia. Esta
acumulación de conocimientos permite que la ciencia explique cada vez más fenómenos, no
sólo de la naturaleza, sino también los relativos al ser humano, como la cultura y la historia.
Para la mentalidad positivista, será posible en el futuro una explicación científica sobre la
moral, la historia, el arte, etc.
Entre los siglos XIX, XX y XXI, encontramos otra concepción bastante parecida al positivismo,
que se conoce como determinismo científico, según el cual todo fenómeno obedece a un
comportamiento físico-material de tipo causal que se puede explicar mediante leyes
científicas. Para el determinismo científico, conceptos como "libertad", "responsabilidad",
"conciencia", "creatividad", "decisión", en suma, conceptos ligados a la autonomía moral del
ser humano, son meras ensoñaciones que surgen en nuestros cerebros debido al
comportamiento de neurotransmisores bioquímicos. Por consiguiente, si conocemos el
proceso físico-material de un fenómeno seremos capaces de determinar su comportamiento
con total seguridad.
Pero no todos los científicos, ni mucho menos, piensan así. Como hemos podido comprobar en
el texto de Stephen Hawking, la ciencia contemporánea considera, en su mayoría, que las
teorías científicas son simples modelos de explicación de la realidad, los cuales no describen la
"realidad pura" ni, por tanto, enuncian "la verdad absoluta", sino que tratan de explicar de la
mejor manera posible aquello que se observa objetivamente. Para una misma observación,
caben múltiples modelos de explicación. Si se aceptan unos y se rechazan otros, no es porque
los primeros sean verdaderos y los segundos falsos, sino porque ofrecen mejores
explicaciones, y son coherentes con las explicaciones sobre otros fenómenos asociados. Como
señala Stephen Hawking, la coherencia entre diversas teorías es muy importante, ya que la
ciencia intenta generar un único cuerpo teórico capaz de unificar, por ejemplo, la mecánica
cuántica y la relatividad de Einstein, dos teorías actualmente contrapuestas e irreductibles que
conviven sólo porque se aplican a estados de cosas diferentes (la primera describe el mundo
microfísico, y la segunda el mundo macrofísico).
10- Criterios de verdad científica: La crítica al verificacionismo y la propuesta de K. Popper del
criterio de falsación (libro de texto, página 74). Las revoluciones científicas según T. Kuhn
(página 80 y 81, punto 4.3). La reciente propuesta de Hawking sobre la convivencia y
conveniencia de diferentes "modelos de explicación" científicos.
FILOSOFIACAMOENS 1ºBACHILLERATO
domingo, 14 de febrero de 2016
martes, 27 de octubre de 2015
los cuatro paradigmas de la filosofía
LOS
CUATRO PARADIGMAS DE LA FILOSOFÍA
1) EL PARADIGMA ANTIGUO (siglos VIII a.C.
- III d. C.):
Este paradigma es, en cierto sentido, el
más importante de todos, puesto que funciona
como germen o semilla del pensamiento occidental, base de toda la racionalidad
teórica y práctica venidera, incluida, por supuesto, la ciencia. Se divide en tres
etapas.
a) El
paso del mito al logos (Grecia arcaica, siglos VIII-VI a. C.)
La
filosofía surge en la antigua cultura griega, alrededor de los
siglos VII-VI. ¿Por qué aparece allí y no en cualquier otro lugar? La razón hay
que buscarla en la mitología griega.
Las obras de Homero (Ilíada, Odisea) y de Hesíodo (Los trabajos y los días, Teogonía) recogen, en forma de epopeyas[1],
todo "el saber" de la tradición griega, que hasta entonces se había
transmitido sólo de manera oral (porque aún no se disponía del alfabeto griego).
Son importantes para la filosofía (y para el pensamiento occidental en
general), porque en ellas se plantean de forma velada e implícita numerosas
cuestiones que atañen al ser humano y que llegan hasta nosotros: ¿cuál es el
sentido de la vida? ¿en qué consiste la condición humana? ¿qué son la virtud,
el bien y el valor? ¿a qué clase de fuerzas estamos sujetos nosotros y el
mundo? ¿existe la justicia natural o sólo la que establece el ser humano? ¿hay
orden y sentido en el mundo o todo es puro caos, sinsentido y tragedia?...
La
mitología griega no se planteaba estas preguntas de forma explícita, ni
mucho menos respondía de manera clara y precisa. Se limitaba a contar
"grandes acontecimientos", como la guerra de Troya (en la Ilíada), el
viaje de regreso a casa de Ulises (Odisea)
o el origen de los dioses (Teogonía).
Cuando oían esos relatos, a los griegos poco les importaba, en principio, saber
si eran ciertos o no. Lo importante es
que esas historias eran relevantes, tenían sentido e invitaban a la reflexión[2].
Es, precisamente, esta invitación a la reflexión lo que alimentó la curiosidad
de la filosofía.
Si consideramos, por ejemplo, la Ilíada de Homero, donde se narra la
guerra de Troya y la cólera de Aquiles, veremos que no hay "buenos"
ni "malos", sino que cada personaje tiene su razón de ser. Aquiles,
Héctor, Odiseo, Paris, Agamenón, Helena, etc., viven y luchan en una guerra
trágica y sangrienta, pero todos se limitan a vengar la muerte de sus seres
queridos o bien a conservar su honor (es decir, actúan por razones que no
pueden esquivar). Por eso, podemos afirmar que en los mitos griegos, en las
grandes obras de Homero y de Hesíodo, hay una razón latente, un lógos
que explica, justifica e interrelaciona todos los acontecimientos y todas
las decisiones[3]. Por
eso, no debe extrañarnos que la primera pregunta filosófica (y el origen del
pensamiento racional), haya surgido de la mitología griega, y sea esta: ¿por qué y cómo puede haber orden (sentido,
razón) en el puro caos (sinsentido, tragedia)?[4]
La primera pregunta filosófica se la
plantearon unos pensadores llamados "presocráticos"
(denominados así porque vivieron antes que Sócrates), que habitaron en ciertas colonias
griegas de Asia Menor (actual Turquía) y en el sur de Italia. Su pregunta fue
la siguiente: ¿Por qué el cosmos (la realidad) es orden y no puro caos? En
otras palabras: ¿Por qué las cosas son lo que son: el cielo, cielo, la tierra,
tierra, los mortales, mortales, los dioses, dioses, etc.? No querían saber por
qué los hombres morían y los dioses eran eternos, ni por qué la tierra está
abajo y el cielo arriba, etc. (eso cae de cajón), sino qué es lo que impone un
orden a las cosas y permite que cada una ocupe su lugar propio. ¿Existe algún principio rector que ordene y
regule la naturaleza? ¿O todo es caótico y ocurre por azar? A ese principio rector lo llamaban arjé, y cada presocrático propuso una
teoría al respecto, justificándola racionalmente.
b) El
giro antropológico de la filosofía (Grecia clásica, siglos V-IV a. C.)
En el siglo
V a. C. surge, en Atenas, la
primera democracia de la historia.
Gracias al interés de los ciudadanos en la política, los griegos, en especial
los atenienses, experimentaron un florecimiento cultural en todos los ámbitos:
económico, artístico, literario, científico, político y, por supuesto,
filosófico. En esta época de esplendor cultural aparecen Sócrates y los sofistas, seguidos de Platón y, por último, Aristóteles.
Todos tienen en común fijar su atención
en el ser humano: el conocimiento, la virtud, la justicia. La filosofía se
dedicará a la búsqueda de criterios de validez racionales y universales,
que permitan dar legitimidad, de manera racional, en todo tipo de ámbitos de la
cultura humana, especialmente el saber, la moral y la política.
El
debate filosófico que recorre esta época, y que marcará para siempre
el pensamiento occidental hasta nuestros días, es la tensión entre dos conceptos: physis
("naturaleza") y nómos ("convención").
Planteado en una pregunta, sería: ¿Es posible justificar los criterios de
validez en la naturaleza (aludiendo a una verdad/realidad independiente de
nuestro punto de vista), o más bien son productos artificiales y creaciones
culturales que sólo funcionan por acuerdo mutuo entre diversas personas, y
varían de una cultura a otra, de una época a otra, de forma inevitable? La
filosofía, como razón teórica, se pregunta: ¿Existe la verdad independiente de
nuestra cultura y puntos de vista? Por su parte, la filosofía, como razón
práctica, se pregunta: ¿Es posible encontrar definiciones exactas y universales
del bien moral y de la justicia que nos dicten cómo deberían ser el comportamiento humano y la sociedad?
Los
sofistas defenderán posiciones escépticas y relativistas,
mientras que Sócrates y su discípulo Platón
defenderán el idealismo. Por su parte, Aristóteles,
discípulo de Platón, será el primer pensador en proponer el realismo. Todos ellos (incluidos los
sofistas) impregnarán el pensamiento occidental hasta nuestros días, porque
fueron ellos los que nos enseñaron a pensar.
c) El
Helenismo (s. III a. C.- IV d. C.)
Ver segundo párrafo página 18 del libro de
texto (resumen).
2) EL PARADIGMA MEDIEVAL (Edad Media)
En el año 313 de nuestra era, el emperador
romano Constantino decreta la oficialización del cristianismo, considerando
herejía cualquier otra forma de pensamiento (Edicto de Milán).
El paradigma medieval comienza, por tanto,
con un cambio radical en la manera de concebir el mundo. La idea clave es la creencia en Dios como Primer Principio, creador del
mundo y del ser humano a su imagen y semejanza. Durante este paradigma, la
filosofía se convertirá en sierva de la teología, y se cristianizarán las obras
de Platón y, más tarde, de Aristóteles.
En filosofía, se distinguen dos etapas
durante la Edad Media. La patrística y la escolástica.
a) La
patrística debe su nombre a los llamados "Padres de la Iglesia", una serie de teólogos cristianos que
sentaron las bases de la unidad del
dogma católico. Entre todos ellos,
destaca la figura de San Agustín de Hipona
(s. V d. C.). Su conocimiento de la filosofía platónica le valió la opción
de usar el pensamiento de Platón para justificar racionalmente la doctrina
católica. Tal vez sin sospecharlo, San Agustín sentó las bases para el
principal debate filosófico-teológico: la
tensión entre la razón humana y la fe religiosa. Planteado en una pregunta:
¿puede la razón humana justificar y demostrar todas las verdades religiosas o
hay algunas (si no todas) que se escapan y son indemostrables, accesibles sólo
por la fe?
Por otra parte, hay que reconocer que,
gracias a San Agustín, la filosofía de Platón (aunque en gran medida manipulada
por la religión) sobrevivió a la Edad Media.
b) La
escolástica se llama así porque en los últimos siglos de la Edad Media
aparecen las primeras Universidades,
dedicadas en principio a la teología -pues estaban regidas por autoridades
religiosas- pero donde también se desarrollaban estudios en lógica,
matemáticas, gramática, etc. En estos círculos universitarios se gesta buena
parte del conocimiento que dará origen al Renacimiento y al cambio de
paradigma.
Son característicos de la escolástica dos
pensadores de gran calibre: el católico Santo
Tomás de Aquino (s. XIII) y el musulmán Averroes (s. XII). Ambos elevaron al máximo nivel el debate entre
razón y fe. Averroes defendía que todas las verdades de fe podían justificarse
racionalmente. Por su parte, Sto. Tomás de Aquino sostenía, apoyándose en
Aristóteles (y cristianizándolo), que el conocimiento humano estaba limitado al
mundo natural y a ciertas verdades metafísicas, pero hay dogmas, como la
Santísima Trinidad, que sólo se pueden conocer a través de la fe.
Le debemos a los árabes la conservación de
buena parte del saber antiguo. Gracias a Tomás de Aquino y a las universidades
de la escolástica, las obras silenciadas durante siglos regresaron a Europa,
aunque, eso sí, muchas veces de forma clandestina.
Cabe destacar, por último, a Guillermo de Ockham (s. XIV), fraile
franciscano defensor del llamado nominalismo.
Según el nominalismo, el conocimiento humano maneja conceptos abstractos cuyo
significado es artificial. O bien generalizamos conceptos a partir de la
observación, o bien les asignamos significados de forma convencional. En modo alguno representan la esencia de la
mente divina, con la que Dios creó el mundo. Con esta crítica a la teología medieval, Guillermo de Ockham sentó las bases
para el siguiente paradigma, que se preguntará: ¿cuáles son los límites del
conocimiento humano? ¿Es posible la teología como ciencia? Por otra parte, sin
pretenderlo, reabrió el antiguo debate (enmudecido durante la Edad Media) sobre
el relativismo y el escepticismo.
3) EL PARADIGMA MODERNO (siglo XV-XVIII)
El
primer pensador moderno fue René Descartes (Francia, s. XVI).
Influido por la ciencia moderna que, desde Copérnico hasta Galileo se había
venido desarrollando, Descartes se planteó, en clave moderna, la pregunta filosófica
radical y reinició, con ello, toda la filosofía. ¿En qué consiste esa pregunta
radical? Tal y como podemos apreciar en los textos del "Discurso del
método" (pp. 22 y 23 del libro de Anaya), Descartes se propone tomar como verdadero únicamente aquello que sea
evidente por sí mismo desde el punto de vista racional. Siguiendo esta
regla (primera regla del método[5]),
Descartes llevará a cabo su famosa "duda
metódica", que consiste en poner absolutamente todo en duda, para ver
qué sobrevive, es decir, llevar al extremo el escepticismo para comprobar si al
menos hay algo que resulte indudable y, a la vez, evidente (cierto, verdadero a
ojos vista). En caso de encontrarlo, se convertirá automáticamente en punto de
partida del conocimiento, en la primera piedra del edificio del saber humano. Veamos
los tres pasos de la duda metódica:
1º) Dudar
de los sentidos: Descartes desconfía, en primer lugar, de lo que percibimos
a través de nuestros sentidos, pues lo que vemos, oímos, olemos, etc., depende
de nuestro punto de vista y a veces nos induce a error (pensemos en los
espejismos en el desierto).
2º) Dudar
de la diferencia entre el sueño y la vigilia: Descartes imagina la
imposibilidad de distinguir entre estar dormidos y estar despiertos. ¿Y si la
realidad es un sueño? ¿y si los sueños son un sueño dentro de ese sueño? Piensa
en las ocasiones en que vivimos sueños totalmente creíbles y realistas.
3º) Tras los dos pasos anteriores,
Descartes dice que sólo hay algo que sobrevive a la duda, y es la evidencia de
la lógica y de las matemáticas. Porque, en efecto, 2+2=4 es tan cierto en un
sueño como en un espejismo. Pero el filósofo se pregunta... ¿Y si Dios es en
realidad un genio maligno que se
entretiene engañándonos y nos ha hecho pensar que, en efecto, 2+2=4 cuando, en
realidad, no fuese cierto? ¿Y si la evidencia, incluso de las matemáticas y la
lógica, es un engaño al que nos ha inducido ese genio maligno?
Tras la metódica no queda, aparentemente,
nada que podamos tener por absolutamente cierto e indudable. ¿Ha llegado
Descartes, con ello, al escepticismo radical? No. Él se apresura en señalar algo que siempre sobrevive a la duda
metódica, algo que resulta indudable sea cual sea nuestro grado de
escepticismo. ¿Qué es? Pues sencillamente el hecho de que estamos dudando, que
somos un ser que pone todo en duda. Y dudar, según Descartes, es una forma de
pensar y de reflexionar. De ahí su famosa frase: "Pienso, por lo tanto, existo"; en latín: Cogito ergo sum.
Con esta frase, Descartes establece la idea clave de todo el paradigma moderno: el
sujeto de conocimiento. Para los modernos, la verdad (y, por tanto, los
criterios de validez) habrá que buscarla en el sujeto de conocimiento, porque
siempre dependerá de él[6].
A partir de ahí, la filosofía se preguntará: ¿cómo es el sujeto de conocimiento?
¿Es racional, universal y necesario o, por el contrario, es subjetivo
(dependiente de nuestro punto de vista), particular y contingente[7]?
A
partir de Descartes, surgen dos filosofías opuestas a lo largo del siglo XVII,
el empirismo y el racionalismo, que se diferencian por la
forma en que responden a la anterior pregunta. Para los racionalistas, el sujeto de conocimiento es la razón pura,
que es la misma para todas las personas que se propongan ser racionales; por
tanto, es universal y necesaria, y
tiene, además, naturaleza matemática.
Los racionalistas (como Leibniz y Spinoza) consideran, al igual que lo
había hecho con anterioridad el científico Galileo, que, así como la razón
humana es de naturaleza lógica-matemática, así también lo es el mundo natural
que intentamos conocer: un mundo "escrito" según leyes matemáticas.
Por el contrario, los empiristas (como Locke,
Berkeley y Hume) criticarán la posibilidad de la razón pura. En su opinión, la
razón humana está sujeta y atada a la experiencia
sensible que varía de persona en persona. La sensibilidad y los hábitos y
costumbres que adquirimos culturalmente hacen imposible, para los
empiristas, la existencia de una razón universal y necesaria[8].
El
debate entre racionalismo y empirismo[9], que
atraviesa la modernidad, será resuelto por Inmanuel Kant en el siglo XVIII. En
su Crítica de la razón pura, Kant
logrará una síntesis entre las dos filosofías enfrentadas. El sujeto de
conocimiento, según la solución kantiana,
no es ni un sujeto empírico que varía de persona en persona, ni un sujeto
racional puro presente en todos nosotros de forma universal y necesaria. En
realidad, dice Kant, el auténtico sujeto
de conocimiento que justifica y legitima racionalmente todo el saber humano es
la intersubjetividad, esto es, la
relación entre todos los sujetos empíricos, sin que ninguno quede fuera[10].
Con ello, Kant establece los límites del conocimiento humano: no se puede
conocer aquello que trasciende (o va más allá de) la intersubjetividad[11].
Kant valida la ciencia de Newton y las matemáticas (las considera
intersubjetivas); en cambio, invalida la teología y la metafísica (en su
opinión, superan los límites de la razón humana, las acusa de dogmatismo en su
afán de presentarse como saberes verdaderos).
4) EL PARADIGMA CONTEMPORÁNEO: EL GIRO
LINGÜÍSTICO DE LA FILOSOFÍA (Siglos XIX-actualidad)
Lo primero que debemos poner en claro es
que este paradigma, al no estar cerrado, es totalmente discutible[12].
En segundo lugar, este paradigma consta de innumerables
corrientes filosóficas, muchas más que las de los tres anteriores
paradigmas juntos. Y todas ellas surgen, de forma directa o indirecta, a partir
de Kant. A esta situación (enriquecedora por una parte, caótica por otra) se le
llama el prisma kantiano. En efecto, Kant actúa como un prisma: recibe
dos haces de luz (empirismo y racionalismo) y proyecta todo un espectro de
colores. ¿Cómo es esto posible? ¿Acaso Kant no había solucionado el debate
filosófico?
a) La
paradoja o contradicción de la filosofía kantiana:
En efecto, Kant resolvió el debate entre
racionalistas y empiristas, y todo gracias a su noción de "sujeto
trascendental de conocimiento" o "intersubjetividad". Pero, en
el siglo XIX, tres filósofos kantianos, conocidos como "la triple H":
Hamman, Herder y Humboldt, se percataron de que Kant había caído en una
contradicción: ¿cómo es posible justificar la intersubjetividad? ¿cómo es
posible demostrar que el sujeto trascendental del conocimiento es válido? ¿no
incurre Kant en metafísica? ¿no supera los límites del conocimiento que él
mismo estableció? [13]
La filosofía de Kant, por lo que respecta
al concepto "intersubjetividad", es conflictiva, contradictoria,
paradójica. Kant se eleva sobre el conocimiento humano para señalar sus
límites. Pero esa posición "desde arriba" que le permite hablar de
"intersubjetividad" es inestable. Corre el riesgo de volverse
dogmática y metafísica. En otras palabras: la
escalera que utiliza Kant para ascender y ver los límites del conocimiento
humano es una escalera que supera esos mismos límites. Por eso, Kant dijo:
la filosofía sólo puede mantenerse en forma de crítica, en forma de constante
pregunta. Pero, a la vez, Kant dio por válida la intersubjetividad. Y esto
último es, precisamente, lo que denuncia "la triple H".
En suma: la posición kantiana es
conflictiva y problemática.
b) Las
llamadas "filosofías de la sospecha":
En el siglo XIX encontramos diversas
corrientes filosóficas. Aparece una filosofía muy influyente llamada idealismo
absoluto, que trata de superar los límites del conocimiento impuestos por Kant.
Sus principales representantes son Fichte, Schelling, Hölderlin y Hegel. Todos
ellos entroncan con el romanticismo, un movimiento cultural que abarca la
filosofía, el arte y la literatura y que se construye sobre el sentimiento de
fracaso de la Revolución Francesa y de los ideales racionales de la Ilustración
que había experimentado Europa en el siglo de Kant, el XVIII, también llamado
"siglo de las luces".
A partir de la segunda mitad del siglo
XIX, durante el desarrollo de la industrialización, aparecen tres filosofías
independientes unas de otras que, sin embargo, son catalogadas como
"filosofías de la sospecha". Pero, ¿sospecha de qué? Se trata de
pensamientos que ponen en jaque o en tela de juicio no sólo a Kant, sino el
edificio entero del conocimiento occidental. Nos referimos a las filosofías de Marx y Nietzsche y a la psicología de
Freud. A grandes rasgos, podríamos presentarlas del siguiente modo:
1) Marx
pondrá de relieve por primera vez un nuevo género de esclavitud en que se
hallan las sociedades industriales: la alienación
de los trabajadores. Estos dedican su esfuerzo no para disfrutar el producto de
su trabajo, sino para enriquecer el capital de su patrón. El marxismo dirigirá la filosofía de la teoría a la praxis, primero
analizando el sistema capitalista, luego, mostrando sus contradicciones para,
acto seguido, llamar a la revolución y al cambio de sistema. La influencia del
marxismo en la historia occidental es tan decisiva que el último siglo y medio
resulta incompresible sin él.
2) Nietzsche
denunciará que todo el pensamiento occidental hasta la fecha es puro nihilismo,
porque se construye sobre ideas e ideales que son "trasmundos
imaginarios". El nihilismo, en opinión de Nietzsche, atraviesa Occidente
desde la antigua Grecia, pasando por la religión medieval y la ciencia moderna,
hasta la época industrial. ¿Qué efectos provoca el nihilismo? En una frase: la
negación de la vida, que se oculta bajo trasmundos imaginarios. Su filosofía
tratará de ofrecer conceptos e ideas capaces de "liberar" esa vida
que siempre hemos ocultado. Su influencia ha sido tan grande que muchos
filósofos lo consideran el auténtico padre de la postmodernidad.
3) Freud,
inventor del psicoanálisis, removerá igualmente los pilares del pensamiento
tradicional al hablar por primera vez de un elemento inquietante, pero, en su
opinión, presente y efectivo en la conciencia humana: el inconsciente. ¿Hasta
qué punto el sujeto de conocimiento está determinado por fenómenos psicológicos
insospechados que no se pueden controlar?
Junto a Kant, los filósofos de la sospecha
influyen en buena parte de las filosofías del siglo XX.
c) El
giro lingüístico de la filosofía:
El giro lingüístico de la filosofía
consiste en la enorme importancia que le otorga la filosofía contemporánea al
estudio del lenguaje. El lenguaje desbanca al sujeto de conocimiento como idea
clave del paradigma. ¿En qué sentido?
Hay
dos tesis que establece el giro lingüístico y que asumirán, de un
modo u otro, diversas corrientes filosóficas (prácticamente todas) hasta la
actualidad. Ambas tesis fueron establecidas por primera vez por la "triple-H"
(Hamman, Herder y Humboldt) a comienzos del XIX, pero no se comenzaron a
asimilar hasta el siglo XX.
1ª
tesis: La concepción
tradicional del lenguaje es errónea: hasta el siglo XIX, se pensaba que el lenguaje humano funciona
como un instrumento para representar (nombrar, pensar, traer a colación,
imaginar, señalar, etc.) realidades
independientes (objetos, cosas, referentes externos). Los filósofos de la
triple H serán los primeros en criticar el valor instrumental del lenguaje,
como veremos a continuación.
2ª
tesis: No es posible que
el lenguaje capture ni represente realidades extralingüísticas de forma pura.
Cualquier referente externo se trasforma en significado por medio del lenguaje
y, al transformarse, el referente se pierde. Por lo tanto, dependiendo del
lenguaje que usemos, estableceremos, sin querer, distintos significados de la
misma realidad. En otras palabras: el
lenguaje crea la realidad en el mismo acto de capturarla.
A partir de estas dos tesis se desprenden
una serie de consecuencias que por ahora solo mencionamos, tendremos ocasión de
ver algunas con más detalle a lo largo del curso:
-Se genera una atmósfera relativista
extrema: hay tantas realidades posibles como lenguajes. Parece imposible
sostener criterios de validez en este panorama.
-Se exploran filosóficamente los límites
de los lenguajes humanos: desde lenguajes lógicos hasta lenguajes poéticos y
creativos.
-Se replantea el estudio de la filosofía
tradicional desde nuevas perspectivas, antes insospechadas.
-Buena parte de la filosofía se dedica a
describir y analizar filosóficamente los lenguajes de la ciencia, de la moral y
del derecho.
-Por último, se ofrecen una serie de
propuestas para resolver el problema del relativismo extremo sin renunciar a
las dos tesis del giro lingüístico.
En suma, el paradigma contemporáneo puede presentarse
como un intento de la filosofía para ofrecer criterios de validez tomando como
idea clave el lenguaje.
[1] Las epopeyas son
narraciones poéticas (escritas en versos) que tratan de recordar un gran
acontecimiento en torno a un personaje ilustre. Así, por ejemplo, el
protagonista de la Ilíada es Aquiles,
el de la Odisea Ulises (u Odiseo); en
las obras de Hesíodo los protagonistas son los dioses y los titanes (semidioses
que nacieron antes que los mortales). Para más información sobre mitología
griega consultar la excelente obra de Robert Graves, Los mitos griegos.
[2] Según el filósofo alemán
Hans-Georg Gadamer (s. XX), es un prejuicio tachar a la mitología griega de
"politeísmo religioso". En Homero y en Hesíodo se describen los
dioses, los titanes, los semidioses y los principales héroes mortales, pero
todo ello a través de narraciones mucho más cercanas a la literatura que a la
religión: no son "libros sagrados", no presentan dogmas de fe, sino
historias dignas de contar, porque no dejan indiferente a quien las lee o a
quien las oye recitadas por el poeta.
[3] Aquiles mata a Héctor,
porque Héctor mató a su mejor amigo. Héctor mató al mejor amigo de Aquiles para
defender a su hermano Paris. Paris es odiado por los aqueos porque secuestró a
Helena, hija de Agamenón. Agamenón, rey de los aqueos, quiere defender su
honor. Helena y Paris están enamorados. Paris mata a Aquiles para salvar su
propia vida, etc., etc. En las epopeyas mitológicas todos los comportamientos,
tanto de los dioses como de los mortales, están interrelacionados y tienen su
"razón de ser".
[4] La mitología griega define
la vida como pura tragedia, guerra, lucha, insatisfacción y pérdida. Pero, al
mismo tiempo, describe la gloria, el honor y la grandeza de los mortales que
forjan un sentido, un carácter de ser, en esa lucha y cuenta atrás para dejar
huella. La filosofía, por el contrario, tratará de hallar sentido a través del
pensamiento, sin plasmarlo en personajes literarios ni epopeyas.
[5] El método cartesiano (o
método de Descartes) consta de 4 sencillas reglas que, a su juicio, debemos
aplicar para ser fieles a la razón cualquiera que sea nuestro objeto de
estudio. La primera regla, como hemos dicho, es la evidencia: no tomar por
verdadero nada que no hayamos examinado y percibido como evidente y
absolutamente cierto en sí mismo. La segunda regla, llamada
"análisis", consiste en afrontar los problemas que deseamos resolver
dividiéndolos en sus partes más simples, empezando por lo más simple y fácil
para llegar, poco a poco, a lo complejo. Por ejemplo, si queremos estudiar la
naturaleza geométrica del triángulo, Descartes propone dividirlo en sus
elementos más simples y fácilmente comprensibles (ángulos, puntos, líneas),
para comprobar cómo funcionan en dicho polígono. La tercera regla es inversa a
la anterior, se llama "síntesis": consiste en recomponer lo complejo
que habíamos dividido, entendiendo cómo se organizan y estructuran sus
elementos simples que lo constituyen (en el ejemplo del triángulo, la síntesis
sería comprender que todo triángulo es un polígono de tres lados, de ángulos
cuyos vértices vienen marcados por tres puntos y donde la suma de los ángulos
no debe superar los 180 grados). Por último, y no menos importante, la cuarta
regla es la "memoria" o "enumeración", que consiste en
asignar un orden numérico a todos los pasos que hemos realizado en nuestro
estudio, para no olvidarnos de nada y que por un despiste alteremos el resultado.
[6] Una buena forma de
representar artísticamente la idea clave de la modernidad (el sujeto de
conocimiento), la encontramos en Las
Meninas de Diego Velázquez. El artista se autorretrata pintando la propia
obra. Con ello, Velázquez nos dice: "la realidad depende del sujeto que la
reconstruye".
[7] Los conceptos
"necesario" y "contingente" son opuestos en filosofía. El
primero significa "aquello que es sí o sí", "aquello que ocurre
de todas todas"; en cambio, contingente significa "aquello que puede
ser o, por el contrario, puede no ser". Por ejemplo, necesario es el hecho
de que, si llueve y no llevamos paraguas, nos mojamos; en cambio, contingentes
son las predicciones meteorológicas a largo plazo, como que dentro de 60 días
lloverá en Ceuta. Se dice que las verdades matemáticas (2+2=4) son necesarias;
en cambio, se considera que todas las conjeturas, suposiciones, hipótesis y
pronósticos son contingentes.
[8] Por ejemplo, un empirista
diría: Sabemos que si tocamos el fuego nos quemamos porque lo hemos aprendido a
través de nuestra experiencia, habiéndolo hecho de niños o bien creyendo en los
consejos que nos advierten. Un racionalista, por el contrario, diría: es
posible comprender la ley física universal que justifique, con precisión
matemática y de forma universal y necesaria, por qué el fuego nos quema. Los
empiristas no niegan la validez de las ciencias, pero limitan la capacidad
racional del sujeto de conocimiento a la experiencia y a la costumbre.
[9]
Este debate es la repetición del antiguo entre physis y nómos, sólo que
presentado en clave moderna.
[10] Kant llama a la
intersubjetividad "sujeto trascendental del conocimiento". Dicho
sujeto trascendental no soy "yo", ni "tú", ni
"ella", ni "él"; somos "nosotros" y, puesto que
no es nadie en particular, puede afirmarse que el sujeto trascendental está entre nosotros. Alguien puede
preguntarse... ¿Y no es eso exactamente lo que decían los racionalistas? No.
Para los racionalistas, cualquier persona que razone se convierte en sujeto
racional puro. Para Kant, en cambio, esa posibilidad supera los límites del
conocimiento humano. La razón pura no se realiza en nadie; dicho en otras
palabras: nadie tiene la capacidad de razonar de forma pura. Por tanto, si
somos capaces de ponernos de acuerdo en criterios de validez que sean
universales (por ejemplo, si aceptamos la validez teórica universal del
conocimiento científico, o la validez práctica universal de los derechos
humanos) se debe a que podemos justificarlos de manera intersubjetiva,
accesible para cualquiera que desee comprobarla. Esto implica, por otra parte,
que cualquiera podría corregir y modificar la verdad establecida, presentando
razones a la luz de todos. La intersubjetividad, por lo tanto, es la única
barra de medir los límites de la razón humana.
[11] Para los racionalistas,
el conocimiento humano guiado por la razón pura no tiene límites, podemos
razonar absolutamente todo, incluso la teología. Para los empiristas, en
cambio, el conocimiento humano es totalmente precario y débil, pues se
encuentra limitado a la experiencia. La importancia de Kant es que logra
aportar una solución intermedia, capaz de justificar la validez universal de la
física-matemática (Newton) a la vez que limitar el conocimiento humano a todo
aquello que sea experimentable y comprobable de manera intersubjetiva.
[12] Así como hay unanimidad a
la hora de distinguir los tres paradigmas anteriores, no existe, en absoluto,
acuerdo sobre qué caracteriza al paradigma contemporáneo. Sólo se sabe que no
estamos en la Modernidad. Para algunos filósofos, no debemos clasificar este
paradigma porque aún no está cerrado, y no tenemos la claridad necesaria para
capturarlo desde la distancia histórica requerida. Otros filósofos, sin
embargo, llaman a nuestro paradigma "postmodernidad", palabra que
tuvo enorme éxito, porque se limita a hablar del pensamiento que tiene lugar
después de la modernidad. Otros prefieren hablar de "filosofía
contemporánea" a secas (como es el caso de los autores del libro de Anaya).
En cualquier caso, hay tal diversidad de corrientes filosóficas a partir de
Kant que resulta difícil englobarlas en ideas y problemáticas comunes (más
allá, evidentemente, de su "amor al saber"). Esta situación provocó
el sentimiento de que la filosofía ha descarrilado, o incluso de que la
postmodernidad no es más que un revoltijo de corrientes, una especie de chicle
indigerible donde todo cabe. No obstante, a partir de las últimas dos décadas
ha crecido el acuerdo entre filósofos que optan por denominar a este paradigma
"el giro lingüístico de la filosofía", debido a una idea central que
parece recorrer, si no todas, casi todas las corrientes desde el siglo XIX
hasta la actualidad.
[13] En su obra Crítica de la razón pura, Kant define y
justifica la intersubjetividad como único criterio de validez. Podemos decir
que, en esa obra, la razón humana se critica a sí misma para comprobar sus
límites: si lo representamos en un juicio, ella sería a la vez juez y acusado.
Los críticos de Kant dirán: ¿cómo puede haber neutralidad (y objetividad) en un
juicio semejante? Si la razón humana se autojuzga limitada, ¿cómo podemos saber
que ese veredicto es cierto, ya que está emitido por una razón limitada?
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